Si Dios es una realidad para ti, la generosidad, la compasión, el amor tienen por tanto un sentido profundo y espiritual, por eso es fundamental y esencial que las expreses de forma concreta. No por ninguna remuneración o la seguridad de la redención, sino además de la felicidad de obedecer, por la evidencia de una generosa remuneración que conduce inevitablemente a una tranquilidad sin igual.

Algunos filósofos y psicólogos durante décadas han escudriñado el comportamiento humano para ver si existe un altruismo genuino y si puede ser visto como un valor personal desinteresado.
Por lo general, han llegado a la conclusión de que el amor desinteresado es un valor personal y, además, parece ser gratificante y muy gratificante.

En 1964 el biólogo William Donald Hamilton en su teoría sobre la selección del parentesco por la que obtuvo numerosos premios de prestigio y que es un referente en sociobiología, demuestra que en la naturaleza, por sus mecanismos más simples y complejos, el altruismo es un necesidad para la supervivencia de una especie.

Es indiscutible que el amor desinteresado, el altruismo, la empatía no son solo valores sociales o religiosos sino valores universales.

Evidentemente, no somos ni los primeros ni los únicos en pensar que es fundamental intentar escapar del egoísmo para volvernos hacia los demás.
He aquí algunos pensamientos.